23 de julio de 2009

Mariposas


Siempre he sido una persona que, aunque no me dejo llevar del todo por las emociones, sí me emociono con muchas cosas. Recuerdo en la escuela siempre me emocionaba el primer día y me era difícil dormir y estaba con las mariposas en la panza todo el tiempo. También recuerdo los Reyes Magos, de los que ya hablé hace unos meses, ésa sensación de incertidumbre, de suspenso. La sensación de enamoramiento es parecida: te duele la panza al oir el teléfono o el timbre o con el simple recuerdo.



Dígamos que ahora ya no me azoto tanto (bueno, sí a veces!). Ya no se enamora uno de la misma manera, o de plano, ya no se enamora uno, ya no es la misma sensación: como que las mariposas ya no son tan jóvenes ni tan inquietas. Ahora mis emociones tienen menos que ver con la interacción humana: pintar una habitación y decorarla, dibujar, tomar fotos, comprar un disco nuevecito y sacarlo de su envoltura, probar un platillo nuevo, abrir un libro y descubrir lo que hay en su interior, un viaje, cualquier proyecto nuevo de la hermosa Blue y así puedo ennumerar varias cosas que hacen que se me revuelvan las tripas de manera realmente placentera y me sienta llena de determinación. A veces me siento tan emocionada que no siempre presto atención a lo que pasa durante y, cuando me doy cuenta, éso que me había emocionado mucho pasó y se fue y me quedo con un poco de frustración por no haberlo disfrutado más. Es el momento del cortejo lo que me emociona, no me refiero sólo al cortejo que se da en una pareja, si no al cortejo de las ideas, cómo van dando vueltas en mi cabeza y poco a poco veo cómo puedo materializarlas y convertirlas en un hecho. Me he pasado noches en vela con alguna idea revoloteando y me duermo emocionada, con el corazón como un tambor.



Hoy se presenta ante mi un proyecto a largo plazo. El panorama se abre y puedo ver una posibilidad que su momento perdí, pero que tengo la oportunidad de recobrar. No me gusta hacerme grandes ilusiones para evitar caerme de zopetón. Pero esto se está materializando ante mis ojos y sé que ahora es el momento adecuado. Vuelven las mariposas a mi panza como si tuviera 15 años y no quiero que se duerman. No quiero decepcionarme. Quiero que las mariposas vivan en mi panza por mucho mucho tiempo.

12 de julio de 2009

Verdad

Dicen que no peca pero incomoda. Muy cierto. Apenas tuve un episodio donde mis defectos fueron expuestos y me sentí desnuda. En realidad no fue gran cosa y yo sé de qué pie cojeo. Sólo que es difícil cuando alguien más te lo dice.
El viernes fue un día de cerrar un ciclo. De dejar todo y de suspenso. El viernes me dirían si me volverían a contratar o no. Hubo varios despidos semanas antes y quería estar preparada. Antes de mi cita con mi jefa sentí angustia e incertidumbre. Tenía un punto importante en contra: No completé las 40 horas de capacitación, no porque no quisiera, ya lo había dicho en otro post y me rebelé y no hice más. Dejé que las cosas pasaran y si por ello me echaban, estaba dispuesta a aceptar las consecuencias.
La junta inició. Entré y ví que mi jefa estaba sentada muy seria. La saludé con algo de inseguridad, sabía que ella había pasado por días muy saturados de trabajo y que había estado de un humor fatal. Me dió las gracias por mi trabajo. Me dijo tres cosas muy ciertas, que me hicieron sentir incómoda:
1. Debo mejorar mi puntualidad.
2. Debo mejorar mi organización.
3. Esperaban más de mis resultados.
Fin. Eso fue todo. Me sonrojé y me retorcí en mi silla: lo sabía. Pero mi orgullo siempre me hace reaccionar así, como si me hubiera echado un trago de jugo de limón y sintiera cómo se me retuercen las tripas, cómo me arde la panza y finalmente, tengo que aceptar la verdad. Después, sólo me dijo que conservaba mi chamba. Aaaah, exhalé todo el aire contenido y mi cuerpo se relajó. Ahora, a descansar.