26 de abril de 2009

Lo más pronto que pude...

No he cumplido mi promesa. No he escrito por mucho mucho tiempo. Han pasado muchas cosas. Haré un recuento del día de hoy hacia atrás:

1. ¿Uso el cubrebocas? Mi mente retorcida hace que mi escepticismo vaya saliendo del clóset y me quiera rebelar contra lo que todos dicen y hacen. No puedo. Me lo pongo. Me lo quito. Lo guardo. Saco el gel antibacterial. Mi mente elucubra mil y un explicaciones. No lo sé. No quiero que me pase, pero tampoco quiero caer en pánico que no me lleva a nada. Mi hermana me preguntó: ¿conoces a alguien que se haya enfermado? Mi respuesta fue negativa, luego recordé que alguien me comentó de su hija enferma. Quién sabe, tal vez no sea nada, tal vez sean muchas cosas. Algunos estudiosos de la metafísica afirman que es el principio del fin. Prefiero no saberlo.


2. Me gustan las iglesias. No soy religiosa. No suelo ir a misa, sólo voy a eventos especiales, pero por mi propio pie, jamás voy. Pero he descubierto que me gustan las iglesias, son silenciosas, huelen a cera caliente y nadie se mete con uno. Y mi gusto por ellas se limita a las iglesias antiguas, aquellas que fueron construídas siglos atrás y cuya arquitectura refleja el momento en que fueron construidas. Me gustan las pinturas de los techos, los mosaicos, los vitrales, los arcos, las torres.
3. Nadie es imprescindible. La ausencia prolongada me hizo pensar que tal vez causaría alguna pena o tristeza. No es así. La vida, con o sin uno, sigue y el mundo sigue rodando. Es un pensamiento algo egoísta el sentirse imprescindible, pero es inevitable. Afortunadamente hubo una lección: gente va y viene y ya.

4. En algunos lugares es de mal gusto entrar con zapatos a la casa. ¡Uy, si en mi casa alguien se quita los zapatos para entrar, me parecería de lo más ridículo y antihigiénico! Costumbres son costumbres.

5. Soy adicta a la cafeína y la nicotina. La ausencia de alguna de las dos substancias me causa dolor de cabeza y/o ansiedad.

6. Descubrí la generosidad de la gente que no espera nada a cambio.

7. Me descubrí tímida tirandole a ranchera, nomás me falta el rebozo. Afortunadamente, la gente alrededor mío no lo es y es por éso que pude entablar amistades que espero perduren.

8. Ahora aprecio mucho más a las personas que realmente amo y son importantes en mi vida.

9. El mismo trabajo que desempeño aquí es mucho mejor remunerado en otros lados. ¡Ni modo!

10. Soy cobarde. No me gustan los cambios. Me dan miedo las nuevas experiencias. Siempre quiero estar escondida en mi madriguera y no salir.

Y pues este fue un pequeño recuento de el porqué no escribí. Aparte mi cerebro anda mal conectado y no he logrado que las ideas fluyan. Tal vez me falte cafeína.

Intentaré escribir más seguido y no sé si menos autobiográfico.

3 comentarios:

GA dijo...

Me gusta autobiográfico, no dejes de hacerlo.
¡Saludos!

Ivanius dijo...

El valor de la propia vida no está en su interés como objeto de análisis, sino en ser para cada quien inagotable fuente de novedad, contemplación y asombro.

El rebozo cobija, no esconde. Hasta es señal de la propia discreción. Así que usté siga escribiendo.

Nadia dijo...

A petición de los comentantes seguiré echando letras en este changarro. =)

Gracias, Ga. Gracias, Ivanius.